Cuando era joven y vivía en Madrid, la vida me enseñó que no hay que dejarse engañar por las apariencias. Porque cuando una se confía, los buitres que merodean se lanzan en picado a devorar cuanto puedan. ¡NO!, hay que ser espabilada e ir con cierta prudencia.
Ya sabréis por qué digo esto.
Estoy segura que estas palabras no tienen nada de especial, y por lo tanto nadie tiene por qué sentirse inclinado a hacer algún comentario. Sin embargo, tengo la esperanza de que más adelante, cuando mis palabras empiecen a conducir a mis lectores por senderos personales, aparecerán curiosos que querrán saber más.
¡¡¡ESPERO SABER DÁRSELO!!!.