sábado, 24 de noviembre de 2007

EL HUMO DE MI CIGARRILLO


Detrás del humo de mi cigarrillo hay otro mundo; un universo diferente a éste, pero que es real y existe y vive a la par que el nuestro, en otra dimensión.
Es como el mundo que hay al otro lado del velo de los sueños, un universo en el que seres informes vagan con total normalidad entre las imposibles formas que lo configuran. Un lugar, un espacio simultáneo, en el que, a veces, algún humano logra penetrar. Ignoro mediante qué mecanismos se consigue, pero más de uno hemos conseguido ir y volver aquí de nuevo.
A través de la cortina de humo del cigarro se adivinan sus formas transparentes, que nos invitan a atravesar la línea divisoria.
Cuando duermes y sueñas, la parte inconsciente de la mente te conduce, te guía, y atraviesas el umbral. Pero, ¿qué extraña fuerza nos dirige cuando estamos despiertos, fumando, y abandonamos este mundo para entrar en el nebuloso universo paralelo que se agita tras el humo? No lo sé. Pero ocurre.
Alicia atravesó el espejo. Freud penetró el subconsciente gris de nuestro cerebro. Drácula traspasó la muerte. Warhol se introdujo en la alucinación psicodélica. Muchos motores a reacción atraviesan la velocidad del sonido. Se franquean muchas fronteras invisibles, imposibles.
Yo, deshago la distancia que separa este mundo nuestro del que hay al otro lado del humo de mi cigarrillo.

SOLEDAD








sábado, 17 de noviembre de 2007

DOLOR








Dolor como entidad propia; dolor con personalidad propia.
Dolor que te invade, que se apodera de tí hasta casi hacerte desaparecer. Ese dolor físico que a veces adquiere dimensiones de insoportable. Un dolor que parece nacer en cada célula, en cada terminación nerviosa. Que te recorre desde la cabeza hasta los dedos de los pies y de las manos.
Dolor que te aisla del resto del mundo y te encierra en ese pozo sin fondo que crea en torno a tí. Dolor como abrazo, como vértigo, como silencio -aunque tengas ganas de gritar-. Dolor que sólo huele a dolor, que sólo sabe a dolor. Dolor de día, dolor de noche.
DOLOR, DOLOR, DOLOR.
¡Qué gran misterio el dolor!
¿Por qué se crece tanto en medio del dolor? ¿Por qué se hace uno más fuerte con el dolor? ¿Por qué otorga sabiduría el dolor?


viernes, 2 de noviembre de 2007

DÍA DE DIFUNTOS




Ha sonado la última campanada,
pero aún no sé si estoy muerta.
Han cerrado mis ojos y me han rezado una oración,
pero aún no sé si estoy muerta.
Me han envuelto en una sábana,
pero aún no sé si estoy muerta.
Les he visto llorar sobre mi cama,
pero no sé si estoy muerta.
He visto cuatro velas que lucían,
he oído responsos y mi nombre en medio de ellos,
pero aún no sé si estoy muerta.
He visto que me echaban tierra encima,
he oído que se íban,
pero aún no sé si estoy muerta.
He sentido frío, he oído que reían,
pero no sé si estoy muerta.
He querido levantarme y no he podido,
he intentado llamarles y la voz no me ha salido.
Pero no sé si estoy muerta.
Me han crecido margaritas,
han venido y me han dejado crisantemos,
y aún no sé si estoy muerta.
He visto salir el sol y el gran pandero de la luna,
he sentido que la lluvia me mojaba,
he notado calor cuando lo hacía,
he cantado a las estrellas;
y me he reído
porque todos creían que yo, estaba muerta.

SOLEDAD