martes, 5 de febrero de 2008

LA VERDAD


A veces la luz es tan cegadora, que no la puedes mirar, porque te hace daño, te hiere. ¡Pero no se puede vivir sin luz!


Creo que con la verdad pasa lo mismo: suele hacer daño, herir, ¡pero no podemos prescindir de ella!, porque si no, la vida no tendría credibilidad, ni sentido, ni interés.


No sé porqué, pero hay temporadas en la vida de una persona en que parece que todo cambia a tu alrededor, y de repente empiezas a sentirte extraña donde antes te encontrabas a gusto. Donde las certezas de ayer, se convierten de dudas. Donde tu gente, parece que se aleja y no te reconoce. ¡Ni tú misma te reconoces! ¿Qué pasa?, ¿qué ha cambiado, si yo sigo siendo la misma? ¿Dónde me he ido? ¿Dónde he estado?


No, no son las típicas y tópicas "dudas existenciales": es una realidad que experimento, unas ausencias que antes ni notaba, una certeza de que algo está girando dentro de mí, para hacerme... ¿¿¿qué???
La verdad, la ¡Verdad!, está creciendo en mi interior, me da luz, ¡Luz! y calor, ¡Calor!. Es una sensación extraordinaria, reconocerse sin reconocerse; sentir que sigues siendo tú, pero que eres otra; abandonarse en el vértigo del vacío que te llena...
Quien no quiera saber la Verdad, es mejor que mire para otra parte y no dentro de uno mismo, porque ahí, aunque agazapada, siempre estará alerta, esperando el más leve descuido para hacerse notar. ¡¡¡Y es tan agridulce y adictiva su presencia!!!
Muchos besos, amigos. Ya no me atrevo a repetir que volveré pronto y con asiduidad, pero no me marcharé sin avisar. Aunque mi intención es aparecer por aquí, siempre que pueda. ¡No os olvido!
SOLEDAD