martes, 19 de febrero de 2008

UNA BUENA AMIGA



El sábado pasado, día 17, fallecía mi amigo Paco. Tenía cáncer. Y la próxima semana habría cumplido 48 años. Se fué silenciosamente. Terminaba así su largo e intenso sufrimiento. Las últimas semanas habían sido especialmente dolorosas. En el hospital querían alargar a toda costa su vida, y averiguar las causas de las complicaciones que íban surgiendo. Quiero creer que no eran conscientes del sufrimiento que todas esas prácticas estaba provocando. Quiero creerlo. En cualquier caso, ahora, lo único que importa, lo único cierto, es que Paco ha dejado de sufrir definitivamente.


Siempre he considerado a la muerte como una buena amiga; y según pasan los años y los fallecimientos de seres queridos, me ratifico más y más en esa creencia. La muerte siempre es una liberación de todo cuanto aquí nos ata, de todo cuanto nos hace sufrir. La muerte nos abre las puertas a la otra vida, la de verdad, la auténtica. Aquí y ahora sólo estamos de paso. Aquí y ahora sólo nos preparamos, adquirimos experiencia, aprendemos a madurar, crecemos... al menos, así debería ser. Lamentablemente, solemos perder demasiado tiempo buscando explicaciones, y nos olvidamos de vivir.


Cuando la muerte llame a mi puerta, se la abriré de par en par, gozosa, expectante. Y me dejaré llevar en sus brazos hasta el regazo del Padre. Un regazo cálido y maternal, donde vivir será un puro delirio de felicidad.

martes, 5 de febrero de 2008

LA VERDAD


A veces la luz es tan cegadora, que no la puedes mirar, porque te hace daño, te hiere. ¡Pero no se puede vivir sin luz!


Creo que con la verdad pasa lo mismo: suele hacer daño, herir, ¡pero no podemos prescindir de ella!, porque si no, la vida no tendría credibilidad, ni sentido, ni interés.


No sé porqué, pero hay temporadas en la vida de una persona en que parece que todo cambia a tu alrededor, y de repente empiezas a sentirte extraña donde antes te encontrabas a gusto. Donde las certezas de ayer, se convierten de dudas. Donde tu gente, parece que se aleja y no te reconoce. ¡Ni tú misma te reconoces! ¿Qué pasa?, ¿qué ha cambiado, si yo sigo siendo la misma? ¿Dónde me he ido? ¿Dónde he estado?


No, no son las típicas y tópicas "dudas existenciales": es una realidad que experimento, unas ausencias que antes ni notaba, una certeza de que algo está girando dentro de mí, para hacerme... ¿¿¿qué???
La verdad, la ¡Verdad!, está creciendo en mi interior, me da luz, ¡Luz! y calor, ¡Calor!. Es una sensación extraordinaria, reconocerse sin reconocerse; sentir que sigues siendo tú, pero que eres otra; abandonarse en el vértigo del vacío que te llena...
Quien no quiera saber la Verdad, es mejor que mire para otra parte y no dentro de uno mismo, porque ahí, aunque agazapada, siempre estará alerta, esperando el más leve descuido para hacerse notar. ¡¡¡Y es tan agridulce y adictiva su presencia!!!
Muchos besos, amigos. Ya no me atrevo a repetir que volveré pronto y con asiduidad, pero no me marcharé sin avisar. Aunque mi intención es aparecer por aquí, siempre que pueda. ¡No os olvido!
SOLEDAD